Ya he hablado alguna vez de lo difícil que es mejorar en escalada precisamente por su carácter multidisciplinar y complejo. Hay fuerza, técnica, lectura, coordinación, tensión corporal, confianza, gestión del miedo, resistencia… y todo eso aparece mezclado en movimientos muy específicos.
Últimamente he estado pensando bastante sobre cómo trabajar la técnica en escalada. Hay muchísimos vídeos, posts y ejercicios concretos, pero muchas veces siento que no terminan de capturar el tipo de problema técnico real que te encuentras cuando estás peleando una vía dura o un movimiento difícil.
Por otro lado, cada vez soy más partidario de una idea simple: a veces no necesitamos añadir más y más ejercicios para corregir algo. A veces la mejor solución es simplemente intentar hacerlo bien. Poner atención, repetir, observar, ajustar y volver a intentarlo con una intención más clara.
Con esa idea llevo un par de meses haciendo un pequeño experimento con mi entrenamiento de bloque, especialmente en MoonBoard, por su transferencia a la escalada en roca.
El cambio principal ha sido este: no me permito marcar una vía como completada hasta haberla repetido varias veces. Como mínimo tres. Muchas veces cinco.
Porque la primera vez que haces una vía, normalmente no la escalas bien: la sobrevives. No conoces del todo los agarres, no confías en los pies, los movimientos no están pulidos y la beta todavía está a medio construir.
La mejora real aparece después: cuando repites la vía hasta que los pies van solos, los movimientos empiezan a fluir, dejas de pensar tanto y la escalada se vuelve más intuitiva. No solo “he llegado arriba”, sino “he entendido cómo se escala esto”.
Además, he añadido una herramienta que me parece tremendamente infravalorada: grabarme todos los intentos.
Me he comprado un trípode pequeño que llevo siempre en la mochila y grabo prácticamente todo lo que hago en la MoonBoard. Y el feedback es brutal. Viéndome en vídeo detecto cosas que en la pared ni siquiera percibo: pies que se me olvidan, mala distribución del peso, codos demasiado flexionados, rodillas que no extiendo, falta de potencia, dudas antes del siguiente movimiento…
Entre intentos, reviso el vídeo, pauso, rebobino y analizo. ¿Dónde debería ir el pie? ¿Arriba o abajo? ¿Derecho o izquierdo? ¿Qué opción hace que el siguiente movimiento sea más fácil? Esa revisión me permite reconstruir mentalmente la vía durante los descansos y llegar al siguiente intento con una intención mucho más precisa.
Creo que esta combinación de repetición consciente + análisis en vídeo es uno de los gérmenes del movimiento de alta calidad. Y no solo en escalada: se puede aplicar a casi cualquier práctica física.
Si haces algo con intención, te observas, lo piensas, lo analizas y lo intentas mejorar una y otra vez, la calidad de tus movimientos puede cambiar muchísimo con el tiempo.
Por algo las escuelas de baile tienen espejos enormes en las paredes.
Como ejemplo, os dejo aquí dos vídeos de la misma vía de MoonBoard: el primer y el sexto intento de la via: "Do it for the Scrunch" para ilustrar la diferencia