Muchas veces en la academia recurrimos a la imagen de la ola para los acúfenos que nos ha planteado en una de las meditaciones. Es común que cuando algún compañero nos cuenta que ha tenido un día difícil le mencionemos esta imagen para recordarle que el volumen como ha subido, puede bajar.
Yo he mencionado muchas veces que útil me ha resultado esta imagen y también que la llevo a la vida misma. Nuestra vida también se mueve como las olas.
Y cuando contemplamos las olas, vemos que hay olas pequeñas casi imperceptibles, otras que crecen animadas por el viento, otras que despliegan una fuerza que parece arrastrarlo todo. También hay otras que se mueven con pereza pero que cuando vuelven mar adentro albergan una tormenta, esas olas que si nos tumban, nos arrastran y sin la mínima piedad nos revuelcan por el fondo.
Todas pasan y todas mueren en la orilla del mar para volver a nacer.
Así son los acúfenos y así es la vida misma.
En los días difíciles, cuando mis acúfenos suben traigo la imagen de la ola y sé que no van a quedar así, que voy a mejorar. Pero también busco que está ocurriendo en las olas de mi vida.
Cuando en el Nivel 3, nos indicaban como tarea realizar una lista de todo lo que hemos aprendido de nuestros acúfenos (HE APRENDIDO DE MIS ACUFENOS), nos estaban mostrando que detrás de ellos hay algo.
Si nos han venido a ensañar ALGO, a mostrar, a poner en evidencia ALGO, entonces cuando sube el volumen busco ese ALGO o otros ALGO en las olas de mi vida. Sabemos que todo aquello que está por detrás, aumenta el estrés y el mismo tiene repercusión sobre nuestros acúfenos.
Por eso el mindfulness se vuelve una herramienta indispensable, porque la atención plena como explica muy bien Javier García Campayo en Parar para vivir mejor, calma la mente, disminuye nuestro nivel de estrés.
Creo que para alcanzar la habituación sería bueno volvernos surfistas.
El surfista no lucha con la ola, no combate, no se opone a ella.
Por lo contrario, espera el momento justo para abordarla, aprovecha su fuerza, conecta con la ola para lograr ponerse de pie y alcanzar el equilibrio.
Sin resistirse, se dejar llevar por ella hasta la calma de la orilla.
Sin duda todos nos encontramos en diferentes playas, hay algunas más ventosas, más picadas, otras más calmas. Unas con arenas claras y finitas y otras con piedras un poco más filosas. Pero todos podemos tomar una tabla, la adecuada para cada uno y aprender a surfear.
Se preguntarán por que se me ha ocurrido hoy todo esto, les cuento: estaba realizando la meditación de la mañana (La esfera dorada) y se me vino una imagen: todos nosotros y ya somos muchos, llegando a la orilla de una playa sobre nuestras tablas de surf. Una hermosa playa, muchos colores, pero sobre todos rostros iluminados por sonrisas.
Así los sueño y me sueño, un abrazo para todos, vamos juntos por más