Retuerzo los venenos
vendidos en los mantos de tu hogar,
me salva la pericia
de tus dotes herbáceas.
Devoro tus rosales
y erizas las sublimes
presencias pétreas de mi espinazo,
destierras la ponzoña.
Vivo anclado al futuro
con prendas de abatidos maleficios,
pero ya no me importa.
Sobrevuela mi nítida
cumbre de espíritus envenenados,
retén tus secreciones,
mutila mis esquemas
y arde en pasión de fulgor esmeralda.