Alejandra Pizarnik, Diarios. ¿Qué tal, amado César? «¡Hay golpes tan fuertes en la vida!», ¿verdad? César: mi alma, nuestra alma, está bordada de cardenales multicolores. Forman el arco iris de la angustia. Recorren los espinos alumbrando telarañas y viscosidades. César: nuestra alma es un dechado de dolores. Es un látigo de un verdugo masoquista. Es un ave acribillada. Una flor que esperaba dulces abejas sonoras y recibe a un perro rabioso. Una nubecita que llora aislada. Una estrella que rompió un avión que se manejaba solo de modo que no hay a quién culpar en particular sino al cielo todo. César, ¿qué hacemos, César? Todos saben que vivo que mastico… Y no saben por qué en mi verso chirría oscuro sinsabor de féretro.