La verdad de la mentira ha visto lo mismo que yo tras las cortinas del hotel Emperador. Me saca arrastras a la calle sin alma, donde antes los ojos clandestinos encajaban sus bordes entre las sombras. Y me encuentro sola bajo el haz de luz de una noche vidriosa, esperando el golpe de saxo que no llega. Me olvido de la luna, de la lluvia, del frío, del miedo y pienso solo en mí, en mí y en la farola que me hace visible en la noche cuarteada y pienso que eso es suficiente para un poema.