Podríamos hablar de ti
como si fueras un cine:
tras la pantalla
cosas que se inflan,
guerrean o se esconden;
hablar de ti
como de un niño que,
con sus manitas,
alisara la arena mojada.
O intentar percibir
cierto calor
discreto y material,
el último recinto
de tu vida de plata.
Recorrer los mundos abisales
o elogiar tu ciencia sosegada
frente al hombre de acción
que agoniza en el cielo.
Procurar encerrarte —explicarte, queríamos decir—
en tu tersura plástica
como de carpa
y hasta de globo...
No damos contigo.