Ojalá pudiera pensar en ti
durante todas mis vigilias,
fusionar nuestros sueños
en mudanzas de piel
adornadas con pecas y diamantes,
contornos alimentados
por la hoguera y la penumbra.
Pienso en ti para no morir de hambre,
y para fundirme en las fases lunares
de tus manos detalladas,
en los eclipses de tus tiernas sonrisas.
Este dolor de acantilado
es un potro de tortura
que sobrepasa a toda fuerza,
y como solo pierdo el miedo
cuando te tengo en mi presente
a ti te pensaré en amor hasta la muerte.