Y cuando todo es frío,
—invierno y letargo alrededor—
y las fuerzas parecen entumecerse
y el tiempo se congela
alejando aún más la promesa de un verano,
vuelves,
como las oscuras golondrinas,
amenazando abrasarme en tu vehemencia
—tormenta que irrumpe tras el letargo—
no para sanarme,
sino para consumirme.