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laPoesía

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12 contributions to laPoesía
cuatro puntos cardinales
Aprendo siempre las mismas cuatro heridas y las vuelvo a olvidar: pesos pasados hundidos en el fango del sueño movedizo del lecho más profundo, que elevan sus raíces capilares olisqueando hacia la superficie, frenando los molinos ocultos en esquivos rincones de la infancia que tratan de moler los restos de esos años, minas flotantes hechas casi jirones, desperdigadas por las bacantes que, ciegas de entusiasmo inhumano, llegaron hasta el hueso del asunto y no me lo dijeron: no supieron decidir en qué idioma podría comprenderse. Son las cuatro de siempre, las de antes de que antes se organizara en brumas y en dolores concisos, claros, secos, como en los mapas de un cartógrafo ciego que rascó sus senderos y fronteras sobre papel ya usado y sin saber que no quedaba tinta en su tintero. Las cuatro sin tocarse y bien atadas por tajos que en el tuétano separan la semilla del desperdicio que la alimentará y lo entregan a manos de una corriente antigua y mortecina que a desgana lo empuja, sembrando tras de sí un sedimento bajo en oxígeno, crudamente inefable, donde nunca podría crecer nada, con algo inconfesable que acecha en el silencio entre las sílabas, la abrasión del arrastre del ahora.
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¿jugabas o jugábamos?
jugabas a esconderte y arañarme, y yo no lo entendía, porque, muerto de las ganas de que alguien me encontrase —muerto también de miedo de que alguien lo hiciera—, me había convencido de que lo habías logrado y me podías ver y por eso rondabas las flores de mis besos pero a ti no te habían adiestrado en la búsqueda ni el reconocimiento, sino para que fueras el motivo infinito de la caza, perseguida por miedos y deseos disfrazados de fuerza y decisión así que daba vueltas, me quedaba perdido entre un guantazo y un abrazo en busca de tus ojos, escondidos detrás de tus miradas pre[jui]ciosas, sin brújula capaz de percibir el fuerte magnetismo que emanabas, capturándome siempre en una órbita que terminaba inevitablemente en un zarpazo entre los omoplatos que cerraba mi tráquea, y al volverme, confuso y sin oxígeno, ya no estabas aquí, te habías desvanecido en una sombra dejándome tan sólo con un montón de juicios y condenas sobre mí y mis carencias para seguir tu rastro, comprender tus señales y capturarte como tú querías, demostrarte que yo sabía ser el hombre que no soy, el que te habían criado para adorar y detestar a un tiempo
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Ya dejamos atrás...
Ya dejamos atrás, hace muchos gobiernos y reinados, el tiempo en que las gentes lo sabían, que la poesía es fruta bien jugosa del árbol de las lenguas, pero en invernaderos se reseca, su forma queda hueca, y estériles sus huesos, y el mercado no sabe cómo hacerse con ella donde crece silvestre, de manera espontánea, cómo sacarle el jugo ni cómo congelarla. Así que nos dijeron que es cosa de gurmés, que no tiene usuarios ni tirón, que no produce nada utilizable para extraer recursos de la gente. Y, a todo esto dedicando el tiempo, ando muy distraído del dinero, rellenando las hojas, su fina densidad, con fluidos que, según van secándose, construyen nuevas redes de transporte que sigo con los ojos y me llevan el alma hasta que ya no hay duda alguna: me acerco al territorio del delirio de ver con claridad, en su ser más opaco, el futuro pasado y tratar de avisar de los crueles crepúsculos plagados de recuerdos, infestados de minas y de lobos que nos vamos sembrando por delante, convencidos de que abrirán camino a los primeros pasos de los niños, y acabar apurando que no hay nada ni nadie al otro lado del papel. El ansia va creciendo y, preocupado, lo intento una vez más y bajo hasta el asfalto, busco algún otro humano, paupérrimo, me arrastro de mirada en mirada por las calles, creyendo que el lenguaje tiene alas que aún pueden volar sin presupuesto ni muchos presupuestos ni prejuicios, pero, cuando parece que consigo entablar un diálogo, lo veo interrumpido por la publicidad, su volumen obsceno dañando los oídos y los ojos, masticando la lengua curada, trabajada, lijada y acoplada con cuidado, ahumada en mil batallas contra el clero y la censura de la burguesía y la ignorancia de los asustados por manos y gargantas de todo género y degeneración en pos de la verdad que la poesía nos puede desvelar… Para que todo ello, sus potentes recursos, afinados más allá de lo audible, haya acabado en manos de los esclavos de los mercaderes, que escriben versos sueltos, retorcidos
Ya dejamos atrás...
anochecer
pronto se hace de noche, de sueño inconciliable, de pesadilla en vivo por los días caníbales, que se cierran de bruces cuando no pueden más de arrastrar la consciencia de segundo en segundo por las horas; se respira melaza en vez de aire, y cada átomo ajeno bombardea electrones malditos, simultáneos de culpa y de vergüenza inabarcables inculcadas a fondo, más allá de la débil memoria sin solución ni paso del tiempo que le queda a la entrega, que extiende demasiados tentáculos terroríficamente más allá de lo orgánico, igual que trenes-bala en sus viajeros rizomatizándose hasta ocupar el ojo que se busca, drenarle los humores, paralizar la identificación y convertir los actos y la conducta en súplicas a dioses vengativos que podrían haber sido sus pares de no ser porque nada es lo que es si no tomó ya impulso antes de su llegada a esta existencia
anochecer
1 like • Apr 13
muy bueno
1-10 of 12
Julio Reija
3
17points to level up
@julio-reija-5178
Todavía en ello...

Active 2d ago
Joined Mar 9, 2026