como el gorrión demuestra
lo frágil de la vida abandonándola,
el cuchillo atraviesa
las fronteras del cuerpo,
deshuesa la razón que sostenía
las alas en su vuelo;
descarnado, se abre camino entre las vísceras,
un complejo reloj en miniatura
que medía el progreso de la especie,
y deja claro con su filo frío
que es el terreno mismo el que se agrieta
en el conocimiento
de la supervivencia