El hombre-tierra no cruzó hacia esa calle, la vacía; la no ausente, la llamada, calle muda. El hombre-tierra era un vendaval de mariposas que arrullaba a miles de hormigas y saltamontes. El hombre-tierra se deshizo de su piel para descubrir su humanidad, su vida y su corazón-primavera, abriendo las puertas a la luz, fumigando las ganas de morir, los ángulos muertos, las comisuras del abismo, y las contusiones encontradas en su vértice insalubre. El hombre-tierra era un hombre extraño: pertenecía a la tierra. @Marien