Como poetas, pregunto. Me refiero a reconocer en uno mismo las infinitas carencias de talento que nos distancian de los verdaderos poetas “que fundan lo que permanece”. Porque una cosa es jugar a ser poeta y que nos aplaudan los ignorantes o interesados, o los que nos aprecian (o los que no quieren herirnos) y otra bien distinta es la poesía, que podría llamarse casi “arte de hacer milagros”. No creo que hacer poesía simplemente para expresar nuestra interioridad tenga un peso literario como tal, no es histórico ni objetivo. Tampoco creo, siquiera, que ganar premios o ser editado por grupos prestigiosos, o ser traducido a 20 idiomas, nos vaya a situar en el canon o vayamos a tener relevancia literaria real e histórica, una influencia cultural profunda y verdadera.
No quisiera provocar, ni llevar al malestar a nadie con el anterior párrafo, sino más bien invitar a debate y hermandad, o al menos opinión, pues si alguien se siente miserable en muchas ocasiones en relación con la creación poética soy yo, y puede que sea algo meramente autorreferencial, o puede que tenga alguna dimensión de universalidad, en esto último quiero creer.