Mi deber es esparcirme
como el viento que no alcanza,
en el aire disolvirme,
deshecho ya en la añoranza.
Por la arena y por el cielo,
por la luz y la penumbra,
extendido como un velo,
mi cuerpo ya no deslumbra.
Soy ceniza que se aleja,
polvo fino en la mañana,
una sombra que se deja,
una forma ya tan vana.