Imaginemos
un mundo sin conversación.
¿A quién le dedico mi tiempo?
¿A quién mi haber?
Desde mi inmemorable, a veces
me dediqué a soñar con sombras,
pensando al mar
con el pesar de guerras y maldades.
Dedícame un momento
con tu deseo de vivir,
porque no tengo culpa cuando dices:
inventemos una inocencia
sin el peso de tus, y nuestros mares.
Hablemos sin decirnos
cómo llamarnos diablos sin demonios,
cómo culparnos de esta soledad.
Ven día a día. Ven, mi sombra a sombra.
Disidamos momentos de placer
con el intento de oler y vestir
culpas y pesos,
mares y guerras,
dedicándonos a
decires en conversación
un día a día deseando sombras.
A ti, le dedico mi tiempo,
al mar, pesares y maldades.
Imaginemos
una conversación sin mundos.
Imaginemos.