Vuelvo a yacer como pistilo virgen,
a escribir mi nombre en un laberinto,
a cerrar el baúl de desnudez,
a crear mimos, honras y dulzura,
para aderezar mi propio descanso.
Vuelvo a obrar como una oruga incisiva,
a saborear de mi ecuación pródiga,
a persistir bajo mi propia lírica,
a conquistar este arrebato estéril,
sin justificar todos mis latidos.
Hoy vuelvo a ser, vuelvo a ser, vuelvo a ser.