Gracias al apoyo de Viviane y este hermoso grupo, hace ya varios días que transito por la vida sin utilizar tapones auditivos. Pero quedaba un espacio “irreductible” (como la aldea de Asterix): el gimnasio. Es un espacio lleno de sonidos con la música a volumen alto, el ruido de las máquinas, la gente conversando en alta voz, adonde siempre entraba con mis oídos ya tapados. Hoy no lo hice así: los puse en mi bolsillo, empecé con mi rutina y transcurrida una media hora ¡me di cuenta que no me los había puesto! Reconozco que hoy la música estaba más baja y había menos gente, y así terminé mi práctica “desnudo” de oídos (lo cual me alegra mucho, aunque no descarto ponérmelos nuevamente si la situación lo amerita, pero no de manera automática)