Esto empezó escribiendo sin buscar nada. Sin intención de hacer un poema, sin corregir, sin pensar en quién lo iba a leer. Quince minutos y lo que saliera. Salió un zorro de fuego cruzando mi cocina con un farol encendido en la boca. No venía a quemar la casa: venía a decirme dónde me dueíe. Le abrí la puerta, le puse agua, le pregunté su nombre y me dijo el mío. Después vinieron las imágenes. A cada verso le pregunté qué escondía, y ahí pasó lo que no esperaba: las imágenes empezaron a decir cosas que el poema no había dicho. Aparecieron casas que se comen a quien las habita, corazones guardados en urnas, espaldas abiertas que resultan ser nidos, versiones mías que había ido dejando atrás. Nada de eso estaba planeado. Estaba esperando. Y al final la canción, que no añadió ni un verso nuevo: solo decidió qué se repite. Este es el recorrido entero. De lo que no sabes decir a una obra que se sostiene sola. Es exactamente lo que vamos a hacer en La Voz Oscura, que empieza este sábado. Cuatro clases en directo, una al mes hasta diciembre, y sales con tu poema o escrito, tu serie de imágenes en blanco y negro, tu voz, tu canción y tu vídeo. No hace falta que hayas escrito nunca. Se empieza desde cero, y no se empieza escribiendo poesía: se empieza escribiendo en bruto, que es otra cosa y la sabe hacer cualquiera. Sábado 26, de 18:00 a 22:00, dentro de El Maestro Creativo, que incluye también todo lo que entra dentro de el Laboratorio Creativo y el Aquelarre Creativo. Si llevas tiempo con algo dentro que no sabes por dónde sacar, es mañana. **PUEDO CON LAS DOS** Cierro los ojos. El día y la noche se sientan a la mesa y pesan lo mismo. Un zorro de fuego cruza mi cocina con un farol encendido en la boca. No viene a quemar la casa: viene a decirme dónde me duele. Le abro la puerta, le pongo agua, le pregunto su nombre y me dice el mío. El reloj del salón se deshace en trigo, el verano se marcha descalzo por el pasillo, y en el umbral hay una balanza de agua