DÍA 1 · MEMENTO MORI
Recuerda que vas a morir.
Memento Octubre · 1 de 31 · un viaje entendiendo a la muerte #aquelarrecreativo #mementooctubre #rebecasaray #poesía #fineart
Ahí abajo tenéis el vídeo con el proceso de mi diario poético, para que veáis cómo trabajo cada día: cómo nace el texto, cómo lo escribo en la libreta y cómo acaba convirtiéndose en imagen.
Y os dejo también la guía para descargar. Dentro está la explicación completa del proyecto, la lista con las 31 propuestas del mes y todas las imágenes de hoy en grande, además del poema del día 1 y el vídeo del proceso. Es un solo archivo: lo descargáis, lo abrís en el navegador y lo tenéis para consultar siempre que queráis, aunque no tengáis conexión.
Contadme qué habéis creado hoy para Memento mori. Me encanta ver por dónde tira cada uno con la misma palabra.
LO QUE CRUZA EL UMBRAL
No viene con trueno.
Viene respirando bajito
justo detrás de mi nuca,
en el reverso exacto de cada gesto,
esperando a que me calle
para dejarse oír.
(La he oído muchas veces. Siempre pongo música.)
me cosieron el polvo a la piel
el día que nací
con un hilo largo
que alguien lleva años
tirando
despacio
Levanté castillos de arena frente a una marea que no negocia.
Muros de títulos. Torres de cosas. Fosos llenos de nombres ajenos.
Y máscaras.
Máscaras tan bien cosidas que la carne creció alrededor,
que ya no se quitan sin llevarse un trozo de mejilla,
que sonríen cuando yo no puedo.
Creí que tener era una manera de quedarse.
Creí que si acumulaba lo suficiente
la muerte se pararía en la puerta a contar
y me daría una prórroga
por buena conducta.
Qué ingenuidad tan tierna.
Qué ridícula.
Como ofrecerle la cartera
a algo que no tiene manos.
Cuando baje el telón y las sombras vuelvan a ocupar su sitio,
nada de este peso cruzará conmigo.
Los aplausos se pudren en el aire antes de llegar al umbral.
Los laureles crujen como pan de tres días.
Y todo lo que fingí ser para calmar el ruido
se irá en un puñado de ceniza
dando vueltas en el viento de una mañana
en la que ya no estaré para verla.
El barro reclama lo suyo.
No sabe de orgullos.
Nunca fue mío.
Era un préstamo
y nadie me dijo el plazo.
¿Qué se salva del incendio?
¿Qué cabe en unas manos que ya no pueden cerrarse?
Lo pregunto con las palmas hacia arriba.
Las manos no contestan.
Se abren un poco más.
Cabe lo que sentí las veces que el miedo no me paró la mirada.
Cabe el amor que solté sin llevar la cuenta,
el que se me salió del pecho como se sale la sangre:
sin permiso, sin cálculo, sin saber si volvería.
Cabe la belleza que le arranqué a la nada con las uñas,
la chispa pequeña que encendí para que el mundo fuera,
en un metro cuadrado,
un sitio menos hostil.
Y cabe, ardiendo todavía, el dolor que miré de frente.
Las noches en que me levanté con el cuerpo cosido a mano.
Las mañanas en que me vestí sobre una herida abierta
y salí igual, y sonreí igual, y aguanté el día entero
con las costuras cediendo hilo a hilo debajo de la ropa.
Eso no fue debilidad.
Eso fue lo más parecido al valor
que he tenido nunca.
Saber que voy a morir no me hunde.
Me da prisa.
La prisa buena, la que quema lo accesorio
y me deja a solas
con lo poco que arde.
En este paso breve, frágil, prestado,
solo se vendrá conmigo lo que no se puede guardar:
lo que amé sin medirlo,
lo que me atreví a crear,
y esa grieta de luz
que a fuerza de golpes
dejé abierta
en el abismo.
Rebeca Saray