Cuando los nervios nos superan
Hay momentos en los que parece que ya no cabe nada más. Tu hijo/a protesta, no escucha o se desregula. Tú llevas todo el día sosteniendo, repitiendo, intentando hacerlo bien… hasta que llega un punto en el que explotas. O explota él o ella. ¡O explotáis todos a la vez! Y después llega el malestar: los gritos, el arrepentimiento, la culpa y esa promesa interna de: “La próxima vez lo haré diferente.” ¡Pero la próxima vez vuelve a pasar! No porque seas una mala madre, no porque tu hijo/a quiera ponértelo difícil. Sino porque, cuando el sistema nervioso está demasiado activado, perdemos capacidad para parar, pensar con claridad y elegir otra respuesta, perdemos la oportunidad de cambiar esa reacción automática por una respuesta elegida por nosotras. Entonces, ¿Qué tendríamos que hacer de forma diferente para no repetir? En esos momentos, intentar razonar, corregir o solucionar el conflicto suele ser muy difícil. Primero necesitamos bajar la intensidad. ¡Y este es uno de los mayores beneficios que nos aporta la Práctica del Mindfulness o Práctica de la Atención Plena! Desarrollar nuestra consciencia corporal para poder identificar los disparadores: 1. Aprender a reconocer el momento anterior a la explosión La explosión no suele aparecer de repente. Antes hay señales: — tensión en el cuerpo — respiración acelerada — tono de voz más alto — frases repetidas — sensación de “no puedo más” — necesidad de que el otro obedezca inmediatamente Ese es el momento importante. No cuando ya hemos explotado, sino unos segundos antes. 2. Hacer una pausa antes de seguir hablando Cuando notes que la tensión sube, puedes decir: “Ahora mismo estamos muy nerviosos. Voy a parar un momento y después lo hablamos.” Parar no significa abandonar el conflicto ni permitir cualquier conducta. Significa evitar resolverlo desde el desbordamiento. Puedes alejarte unos segundos, respirar lentamente, beber agua, apoyar los pies en el suelo o llevar una mano al abdomen para ayudarte a volver a ti.