Cuando pensamos en practicar mindfulness, solemos imaginar que necesitamos encontrar un momento de silencio, sentarnos a meditar, cerrar los ojos y seguir una práctica guiada. Y, sí, todo eso puede ayudarnos a entrenar la atención. Pero no es la única manera de hacerlo. Nuestro verdadero gimnasio de mindfulness está mucho más cerca: es nuestra propia vida cotidiana. Cada día realizamos decenas de actividades de manera automática. Nos duchamos pensando en lo que tenemos que hacer después, desayunamos mientras miramos el móvil, caminamos repasando una conversación y escuchamos a alguien mientras preparamos mentalmente nuestra respuesta. Nuestro cuerpo está aquí, pero nuestra mente suele estar en otro lugar. ¿Qué significa hacer algo con atención plena? Significa estar presentes en lo que estamos haciendo mientras lo estamos haciendo. Consiste en observar las sensaciones del cuerpo, los movimientos, los sonidos, los pensamientos o las emociones que aparecen. Y, cuando nos damos cuenta de que la mente se ha marchado, regresar con amabilidad, sin juzgarnos ni enfadarnos con nosotros mismos. Porque practicar mindfulness no significa no distraerse. Practicar mindfulness significa darse cuenta de que nos hemos distraído y regresar, una y otra vez, al momento presente. ¡No necesitas añadir otra tarea a tu día! La propuesta de esta semana no consiste en encontrar tiempo para hacer algo más. Sé que muchas veces nuestras agendas ya están suficientemente llenas. Se trata de vivir de una manera diferente algo que ya ibas a hacer. Puedes practicar atención plena mientras: - Te duchas y sientes la temperatura del agua sobre la piel. - Te lavas los dientes y observas cada movimiento. - Preparas el desayuno percibiendo los colores, sonidos y olores. - Bebes una taza de café o una infusión saboreando cada sorbo. - Tiendes la ropa notando el movimiento de tus brazos y el tacto de los tejidos. - Caminas sintiendo el contacto de los pies con el suelo. - Conduces prestando atención a tu cuerpo, al volante y al entorno. - Comes observando los sabores, las texturas y las señales de saciedad. - Acaricias a tu perro sintiendo su pelo, su temperatura y su respiración. - Escuchas a otra persona intentando estar realmente presente. - Esperas en una cola sin recurrir inmediatamente al teléfono móvil.