Cuando vamos con nuestros hijos al parque, a comprar al súper, a una fiesta de cumpleaños o a comer a casa de los abuelos, la consigna suele ser: «¡Pórtate bien!» Y, como consigna, parece que no está mal: es breve, creemos que clara, creemos que es de sentido común, sirve para todas las ocasiones… ¿Qué podría salir mal? 😅 Pero pongámonos por un momento en el lugar de nuestra hija o nuestro hijo. En el parque, correr y saltar está bien. Entonces… ¿por qué en casa de los abuelos ya no? En casa de los abuelos a veces me ofrecen caramelos o me regalan un cuento. Entonces… ¿qué puedo pedir en una tienda? ¿Cómo sé cuándo sí y cuándo no? Claramente, «pórtate bien» no significa lo mismo para nuestras niñas y niños que para los adultos. Les falta información, les falta claridad, les falta saber qué esperamos de ellos en cada situación. Un día paseaba con una amiga por una avenida llena de árboles. Era otoño y la acera estaba cubierta de hojas de muchos colores. Mientras charlábamos, su hija, de unos siete años, se agachaba, recogía hojas y las dejaba caer. Estaba tranquila, contenta, disfrutando del momento. No interrumpía nuestra conversación. Sin embargo, cada cierto tiempo, mi amiga le decía: «¿Te quieres estar quieta?». 🫥 ¿Se estaba «portando bien» o se estaba «portando mal»...? Otro día, en el parque, vi a una madre sentada en un banco con un bebé en el cochecito. Había llovido y quedaban charcos. Al cabo de un rato se le acercó su hijo, feliz, con barro en la ropa y las bambas algo mojadas. Ella empezó a reñirle porque lo había vestido limpio aquella mañana. Muchas hemos vivido situaciones parecidas, también desde el cansancio o las prisas. Yo, como madre de cuatro hijos, me incluyo. Pero estos momentos nos invitan a preguntarnos: ¿le habíamos explicado qué esperábamos de él? ¿Era una expectativa realista para esa situación? Porque, si no va acompañada de una explicación, la consigna «pórtate bien» puede convertirse en una adivinanza lanzada al aire 😅 Y, como dice el chiste: ¡Hay que especificar! 😄