Mi experiencia en el El gym para el Alma me ha abierto a entender varias de las cosas que llevaban mi vida al sufrimiento constante y de esa incapacidad de reconocer su raíz; creía que mi estado de automatismo era algo normal porque en mi entorno veía también esa normalidad con máscaras de miedo, sufrimiento, control, resignación y de ataque, en fin de tantas cosas que roban la paz y la oportunidad de estar en el presente.
Aunque lo sigo trabajando, recuerdo que antes de conocer el Gym me congregaba en una Iglesia y era muy fácil antes de entrar al culto dejar (analogía) como una maleta cargada a la entrada, estar allí con la emocionalidad de las canciones y las prédicas…llorar y pedir; y volver a cruzar la puerta al salir y recoger nuevamente esa maleta cargada de lo mismo, dolor, angustia, miedo, desasosiego y empezar otra semana en lo mismo.
Me di cuenta que no se trataba de pedir de que las cosas cambiaran, de que Dios me hiciera el milagro y ya, y eso era porque no sabía por qué vivía lo que vivía y sentía como sentía; Nadie te habla de las heridas y de la manera como marcan la vida e influyen en todos los aspectos de la vida y en tus patrones de conducta y pensamiento … en estos casi tres años y gracias a la información que he recibido con la Guía de Luis Eduardo y de Amor Lindo mi panorama es diferente para comprender y estar más atenta de cuál es el aprendizaje detrás de cada experiencia, ser mas observadora… que no se trata de mirar afuera, sino que el trabajo para que las cosas cambien es desde adentro.
La soledad era una de las cosas más difíciles de manejar para mí, era una persona que me cohibía de hacer cosas por el hecho de tener que hacerlas sola, como simplemente ir a comerme un helado porque mi incapacidad de disfrutarlo me llevaba a mirar a mi alrededor y al ver por ejemplo personas en otras mesas compartiendo y yo sentada sola de inmediato me ponía a llorar y por no repetir situaciones así evitaba ir a un cine, salir a comer algo (que me podía estar muriendo de antojo) o algo tan simple como salir a caminar.
Ahora mi realidad es distinta, aprendía a cambiar mi soledad por solitud entrar en ese estado de ser mi propia compañía, reconocerme y ser más observadora de mi misma y de este proceso que inicié.