Cuando te vi, busqué tu costilla,
belleza intangible que te compone,
aura que te distingue de los demás.
Busqué lo que nunca trasmuta
ni desaparece pese a los años:
El alma,
ese que, a veces, por su discreción
se esconde para no ser percibido.
Busqué lo eterno que te acompaña
en cada aliento hasta que la muerte
aniquila tu vida
y tu cuerpo es escombro.
Busqué esa parte de ti
que deambula por el éter,
la sabría distinguir; por su olor
por su transparencia
y por los recuerdos que conlleva.
En realidad, es lo cotidiano.