Cuando te vi, busqué tu costilla, belleza intangible que te compone, aura que te distingue de los demás. Busqué lo que nunca trasmuta ni desaparece pese a los años: El alma, ese que, a veces, por su discreción se esconde para no ser percibido. Busqué lo eterno que te acompaña en cada aliento hasta que la muerte aniquila tu vida y tu cuerpo es escombro. Busqué esa parte de ti que deambula por el éter, la sabría distinguir; por su olor por su transparencia y por los recuerdos que conlleva. En realidad, es lo cotidiano. @Marien Del Canto Fernández