¿Alguna vez has sentido que tu mente corre a mil por hora… pero no avanza? Como si estuvieras corriendo en una cinta: mucho movimiento, cero dirección. Y lo primero que necesito que entiendas es esto: no eres tú. No es falta de fuerza de voluntad. Es tu cerebro en modo supervivencia. Muchas personas se despiertan y antes de lavarse la cara, ya han revisado el móvil. Su cerebro no ha tenido ni un segundo para despertar de forma natural, para conectar con él. Ha empezado el día en modo reactivo, y a partir de ahí todo es una cadena de reacciones. Correos, mensajes, tareas urgentes que no son importantes, decisiones pequeñas que agotan la energía mental y esa voz interna que no para de decir que deberías estar haciendo otra cosa. No estás siendo productivo. Pero aquí viene lo que quiero que entiendas de verdad: Tu mente no fue diseñada para vivir en este estado de alerta constante, de hiperconectividad, de dispersión permanente. Tu cerebro necesita enfoque. Necesita silencio y profundidad, y cuando no lo tiene, enferma. Se dispersa. Se vuelve incapaz de concentrarse en lo que realmente importa. Y ahí es donde empieza todo. Porque un cerebro disperso no es solo un cerebro distraído. Es un cerebro que no puede planificar bien, que no puede regular sus emociones correctamente, que no puede tomar decisiones claras. Es un cerebro que vive en modo supervivencia cuando debería estar en modo creación. Ahora, quizás te estés preguntando: ¿Y qué puedo hacer? ¿Hay solución para esto? Sí, hay solución, pero no es lo que te han vendido. Tu sistema nervioso tiene dos estados principales, el que te activa, el que te prepara para la acción, para la amenaza, para la supervivencia ; Y está el que te calma, el que te permite digerir, descansar, pensar con claridad, ser creativo. Estos dos sistemas deberían estar enequilibrio. Deberías poder activarte cuando es necesario y calmarte cuando toca. Entonces, Cómo pasamos de un cerebro en modo supervivencia a un cerebro en modo creación?