Buenos días familia . Hoy estoy triste. Mi querida Leia: Hoy mi corazón está roto porque has tenido que marcharte. El silencio de la casa duele y cada rincón me recuerda que ya no estás físicamente conmigo. Fuiste mucho más que una perrita. Fuiste mi compañera, mi familia, mi refugio y mi ángel de cuatro patas. Durante estos seis años y medio llenaste nuestros días de amor incondicional. Todos en la familia te amábamos profundamente, y todos llevaremos para siempre una parte de ti en nuestros corazones. Nunca olvidaré tu manera de recibirme. Esa carita tan dulce, tus preciosos ojos negros llenos de ternura y el movimiento alegre de tu cola que parecía decirme que todo iba a ir bien. Eras felicidad en estado puro. En mis peores momentos, cuando el acúfeno me hacía sufrir y el dolor parecía imposible de soportar, tú estabas allí. No necesitabas palabras. Tu compañía, tu presencia tranquila y tu cariño me ayudaban más de lo que nadie puede imaginar. Gracias por cada instante en el que me acompañaste cuando más te necesitaba. Hoy siento un vacío inmenso. Me siento triste, apagada y sola. Porque la verdad es que nunca estaba sola mientras tú estabas conmigo. Tu amor llenaba la casa y llenaba mi vida. Quiero pensar que has cruzado el Arco Iris y que ahora corres libre, feliz y sin dolor, rodeada de luz. Quiero creer que desde allí puedes sentir todo el amor que te dimos y todo el amor que seguimos sintiendo por ti. Leia, gracias por cada mirada, cada caricia, cada paseo, cada momento compartido. Gracias por enseñarme la forma más pura de amor que existe. Te amo. Te extraño. Y sé que una parte de ti caminará siempre a mi lado, guiando mis pasos desde el cielo. Hasta que volvamos a encontrarnos.