Menos alcohol, más estabilidad cognitiva.
La generación Z ha crecido con mayor acceso a información sobre salud mental, neurociencia básica y bienestar emocional. Eso ha modificado la percepción del alcohol, que deja de verse solo como diversión para empezar a entenderse como un elemento con costes cognitivos claros. El alcohol altera neurotransmisores como el GABA y la serotonina, generando un efecto rebote que puede traducirse en ansiedad, irritabilidad y pensamientos rumiantes al día siguiente. Para una generación especialmente sensibilizada con la ansiedad y la salud mental, este efecto resulta especialmente disuasorio. Un estudio del Instituto de Investigación y Capacitación JSI de Boston, investigó los efectos del consumo de alcohol en el rendimiento laboral. Según sus conclusiones, incluso niveles moderados de resaca pueden afectar a la toma de decisiones, la memoria y la atención sostenida. El problema no es solo el exceso puntual del alcohol, sino los efectos residuales que se arrastran durante días y el malestar que esos efectos producen entre los más jóvenes. -La Generación Z son los nacidos aproximadamente entre mediados de los 90 (como 1997) y principios de los 2010 (alrededor de 2012), definidos por ser nativos digitales que crecieron con internet, smartphones y redes sociales desde pequeños, valoran la autenticidad, la diversidad, el medio ambiente, y buscan independencia y emprendimiento en un mundo digitalizado y con desafíos socioeconómicos.-