No me gusta la gente que no duda; gente que avanza con ojos cerrados, cerrada voz, esa gente que afirma sin fisuras y sin incertidumbre. Y me inquieta ese puto paso plano plana palabra, plano pensamiento. prefiero la duda, la que gotea esa que insiste en dudar y dudar. Sí, me gusta aprender a desdecirme cuando veo algo extraño en la sospecha, cuando soy el sordo de mi convicción. No me gusta la gente que no duda, prefiero la duda que muerde y hiere, la duda que mueve este feo mundo, el mundo asqueroso en el que vivimos y desvivimos —sin duda—, con dudas. © Iñaki Hernán – Fecha dudosa