Imaginemos un mundo sin conversación. ¿A quién le dedico mi tiempo? ¿A quién mi haber? Desde mi inmemorable, a veces me dediqué a soñar con sombras, pensando al mar con el pesar de guerras y maldades. Dedícame un momento con tu deseo de vivir, porque no tengo culpa cuando dices: inventemos una inocencia sin el peso de tus, y nuestros mares. Hablemos sin decirnos cómo llamarnos diablos sin demonios, cómo culparnos de esta soledad. Ven día a día. Ven, mi sombra a sombra. Disidamos momentos de placer con el intento de oler y vestir culpas y pesos, mares y guerras, dedicándonos a decires en conversación un día a día deseando sombras. A ti, le dedico mi tiempo, al mar, pesares y maldades. Imaginemos una conversación sin mundos. Imaginemos.