Me barrunto cerca, alrededor, casi por dentro a veces; otras ausente, pero enfrente: Aprendí a mirarme a los ojos sin espejo Mis manos vuelven primeras, cuando mi mente se aleja, para contarlo todo, para mostrarme entera. Me dicen que pintan, tejen, escriben palabras nuevas, pero les falta la caricia el calor que viene de afuera: el apoyo que sujeta y alienta. Dejé a un lado mi niña. Di paso a la loba que acecha. Ahora, la llamo de nuevo, justo antes de regresar a mí. Se tarda una vida entera en curar la brecha.