A raíz de este post de Inversor Coach, quiero compartir por aquí una reflexión acerca de un tema que personalmente hablo bastante con mis alumnos, y es la dificultad para modificar la postura. Este es un tema bastante farragoso, por lo que voy a intentar ir al grano (aunque, si queréis, puedo explayarme más en un artículo para explicar todos los pormenores). Cuando hablamos de modificar la postura, es algo que se suele recomendar a la ligera. Se dice de forma muy fácil: "No, es que tienes que cambiar la postura". Pero realmente es muy difícil. ¿Por qué? La postura viene dada por el sistema nervioso. A base de todos los años que llevas viviendo, tu sistema nervioso ha establecido una manera de interactuar con el entorno cuando te sientas, caminas o haces cualquier cosa. Si lees esto con 20 años, por ejemplo, llevas en el mejor de los casos un par de décadas sentándote de la misma manera. Tu cuerpo y tu cerebro tienen totalmente asimilada esa posición. Pretender cambiar esto es una tarea titánica por dos motivos: 1. Reeducación cerebral: Tienes que reenseñar a tu cerebro. Debe olvidar cómo se sentaba antes y aprender la nueva postura que quieres adoptar (ya sea con la espalda más recta, las rodillas a 90 grados o lo que sea). 2. Fatiga y atención: Cada vez que te sientes, tienes que hacer el esfuerzo consciente de adoptar la postura deseada, con la fatiga muscular y de atención que eso implica. Con el paso de los minutos o de las horas, es facilísimo volver a la posición por defecto, porque es hacia donde te lleva el cerebro de manera inconsciente. En el momento en el que dejes de prestar atención —ya estés de pie o sentado—, el cerebro volverá a la postura a la que está acostumbrado. Por eso es tan difícil: tienes que ir en contra de lo que tu cerebro quiere hacer de forma automática el tiempo suficiente para que empiece a interiorizar la nueva postura como el nuevo modo por defecto. Y eso es un proceso que lleva desde muchísimos meses a algún año que otro.