Querido cuerpo:
Gracias por sostenerme cada día, llevarme de un lado a otro es agotador y sé que necesitas energía para llegar a todo.
Gracias por albergar y dar vida a tres seres humanos maravillosos que son mis hijos, que me llenan de alegría y vitalidad cada día de mi vida.
Gracias por ayudarme a sentir y experimentar cada una de las sensaciones físicas que siento, algunas en demasía. Eres el vehículo a través del que me relaciono con el mundo, y tengo todos mis miembros intactos y sólo por eso, ya te estoy agradecida eternamente.
Gracias Lucía, por este ejercicio. Siento que esta semana lo necesitaba más que nunca.