En la práctica, la paz no llega por cambiar el mundo externo, sino por interrumpir ese hábito interno de ataque. Cada vez que no lo seguimos, la percepción se vuelve un poco más ligera, menos rígida, menos conflictiva.
Al final, la lección no trata de “ver diferente” como esfuerzo mental, sino de dejar de sostener lo que distorsiona la visión.