El show militar chino en el Estrecho de Taiwán busca intimidar, pero parece que los tambores de guerra revelan más ansiedad que estratégia.
Cuando el Partido Comunista Chino despliega 153 aviones en un solo día alrededor de Taiwán y lanza misiles ficticios sobre "objetivos energéticos", uno se pregunta si estamos ante una preparación bélica o la más cara función de fuegos artificiales en la historia del Indo-Pacífico. Beijing no escatima en recursos para recordar al mundo —y a los taiwaneses en particular— que “Taiwán es China”, aunque cada maniobra revela más desesperación que determinación. El mensaje es claro, aunque repetido: independencia equivale a guerra. Y como toda amenaza repetida sin efecto, empieza a parecerse más al guion de una telenovela geopolítica que a una estrategia militar seria.
Las maniobras militares iniciadas en mayo de 2024 y prolongadas hasta abril de 2025, incluyen ejercicios conjuntos de las fuerzas terrestres, navales, aéreas y de misiles, centrados en bloqueos, ataques de precisión y simulacros de asedio total a la isla. Bajo nombres tan rimbombantes como “Joint Sword-2024B” y “Strait Thunder-2025A”, el Ejército Popular de Liberación no solo rodeó a Taiwán, sino que incursionó en múltiples direcciones: este, sur, norte, con la marina y la guardia costera haciendo “patrullas de ley” alrededor de las islas de Kinmen y Matsu.
El 1 y 2 de abril de 2025, por ejemplo, las fuerzas chinas realizaron disparos reales de artillería de largo alcance en el mar del Este de China, atacando objetivos simulados como puertos estratégicos y plantas energéticas, en una exhibición de fuerza calificada por el propio gobierno chino como “castigo a los separatistas”.
El 15 de octubre de 2024, China desplegó un récord de 153 aeronaves militares en un solo día, 28 de las cuales cruzaron la línea media del estrecho de Taiwán —una línea tácita de no agresión que Pekín ya no reconoce. Estas acciones fueron acompañadas por el despliegue simultáneo de 14 buques de guerra y 12 barcos “oficiales” (guardia costera y similares), generando una situación de cerco marítimo y aéreo que, aunque no terminó en enfrentamientos directos, sí tensó severamente la región.
Estas acciones, cuidadosamente cronometradas después del discurso inaugural del presidente taiwanés Lai Ching-te —quien se atrevió a llamar “fuerzas extranjeras hostiles” a los vecinos continentales—, se presentan como un castigo directo al "separatismo". Un castigo, por cierto, que parece más teatral que estratégico.
Sin embargo, la coreografía militar china no ha tenido el efecto deseado. En lugar de doblegar a Taipei, ha generado lo contrario: más unidad interna, más respaldo internacional, y, para colmo, subidas en el índice bursátil de Taipéi —
Porque sí, los inversores parecen más preocupados por los chips de TSMC que por los misiles de Xi Jinping. Mientras los radares taiwaneses siguen cada maniobra de la aviación china, los mercados siguen, en cambio, la cotización de TSMC (Taiwan Semiconductores, la empresa proveedora de Chips de nanotecnología a NVDIA) como si fuera el verdadero termómetro de la estabilidad regional. La empresa, joya de la corona del sector tecnológico global, representa no solo el 15% del PIB taiwanés, sino también un punto de vulnerabilidad geoestratégica global: cualquier perturbación en su operación sacudiría la cadena de suministro de semiconductores en todo el mundo.
Sin embargo, la aparente calma de los mercados refleja una cruda verdad: los actores financieros internacionales confían más en la disuasión económica a través de los mercados que en la amenaza bélica, y ven en cada maniobra militar de China un déjà vu ruidoso, pero sin impacto tangible inmediato.
Estados Unidos, por su parte, ha reiterado su “compromiso inquebrantable” con la isla, y Japón y Filipinas han intensificado su cooperación militar con Washington. La narrativa de Beijing —que insiste en que estos ejercicios son respuestas legítimas a la provocación— comienza a sonar cada vez más a excusa frente a una realidad geopolítica que se le escapa de las manos. Y aunque China no ha renunciado formalmente al uso de la fuerza, su necesidad de impresionar a CEOs extranjeros durante cumbres de inversión sugiere que el músculo militar es también un recurso de marketing político interno y externo.
En resumen, lo que Pekín proclama como una demostración de fuerza es, en el fondo, una confesión de inseguridad: una superpotencia que necesita disparar salvas ficticias para mantener la ilusión de control sobre una isla que, cada vez más, navega por su propia cuenta.
En lugar de preparar un desembarco, China parece estar montando un espectáculo que, como todo show prolongado, corre el riesgo de perder audiencia. A veces, los fuegos artificiales no deslumbran: simplemente ahúman el cielo.
Fuentes:
- “China conducts live fire drills near Taiwan in East China Sea” – CNBC, 2 abril 2025
- “Taiwan says China uses record number of aircraft in war games” – Reuters, 15 octubre 2024
- “Response to China’s Military Exercise Near Taiwan” – U.S. Department of State, 1 abril 2025
- “China launches military drills around Taiwan following inauguration” – CNBC, 23 mayo 2024
- Documento oficial del Ejército de China, “东部战区:实弹射击,精确打击!”, abril 2025.