El café: aliado ocasional o muleta silenciosa
El café es una de esas cosas curiosas de la vida moderna.
Está en todas partes. Se celebra. Se defiende. Se ataca. Se mitifica.
Y casi nunca se entiende bien.
Porque el café no es “bueno” ni “malo” por sí mismo.
Depende de para qué lo usas… y de qué está tapando.
Qué hace realmente el café en el cuerpo
La cafeína no te da energía.
Lo que hace es bloquear la adenosina, una molécula clave cuyo trabajo es muy simple y muy honesto:
decirle a tu cuerpo “oye, estás cansado”.
Cuando tomas café, no produces más energía.
Simplemente no oyes el aviso.
Es como tapar una luz roja del salpicadero con cinta aislante.
El coche sigue andando…
pero el problema sigue ahí.
Mi forma de usarlo (y por qué)
Yo tomo un café en el desayuno.
Y no más.
No porque el café sea malo.
Sino porque no quiero usarlo para hackear la mente ni para empujar al cuerpo cuando algo no está funcionando de fondo.
No quiero meter más estímulos al estómago ni al sistema nervioso para “aguantar un poco más”.
Prefiero que el cuerpo trabaje con sensaciones reales.
Y curiosamente —o no tanto—, desde que he dejado de usar el café como muleta:
  • tengo energía más estable,
  • llego mejor al final del día,
  • no tengo el típico bajón,
  • y entreno con mejores sensaciones.
Me ha ayudado infinitamente más corregir un déficit de vitamina D que añadir cafés para luego pagar el rebote.
Café vs energía real
Aquí está la diferencia clave que casi nunca se explica:
  • El café estimula
  • El entrenamiento, el descanso y la nutrición construyen
Uno empuja.
Lo otro sostiene.
Puedes vivir años empujando…
hasta que el cuerpo dice basta.
El café y la microbiota: matices importantes
En los últimos años han salido estudios muy interesantes (por ejemplo en Nature Microbiology) que muestran algo real:
El café se asocia a cambios específicos en la microbiota, no tanto a “más diversidad” sin más, sino a un patrón concreto de bacterias.
La más famosa: Lawsonibacter asaccharolyticus.
Lo interesante:
  • aparece mucho más en bebedores de café,
  • también con café descafeinado (no es solo la cafeína),
  • responde a compuestos del café como polifenoles (ácido quínico, trigonelina),
  • y se asocia a metabolitos con potencial antiinflamatorio.
Lo honesto es decir esto claro:
no sabemos aún si tener más de esta bacteria te hace estar mejor clínicamente.
Pero sí sabemos que:
  • indica una microbiota activa,
  • capaz de procesar polifenoles,
  • dentro de un ecosistema metabólicamente más eficiente.
Conclusión sencilla:
el café suma, pero no sustituye una dieta rica en fibra, fermentados y polifenoles reales.
¿Tiene fibra el café? Sí, pero no nos flipemos
El café contiene fibra soluble y compuestos fenólicos.
Una taza puede aportar alrededor de 1–1,5 g, dependiendo del tipo y método.
¿Suma? Sí.
¿Sustituye a frutas, verduras o legumbres? No.
Es un complemento, no la base.
El problema que casi nadie menciona: el sistema nervioso
Aquí está el punto crítico.
El café estimula el sistema nervioso.
Si lo usas con cabeza, puede encajar.
Si lo usas para tapar cansancio crónico, estrés o mal sueño… empeora el problema.
Más café en un cuerpo cansado suele significar:
  • más cortisol,
  • peor sueño profundo,
  • más inflamación de bajo grado,
  • más dependencia del estímulo.
Y eso, a largo plazo, te quita más de lo que te da.
Un detalle importante: el horario importa
Los estudios observacionales más recientes apuntan a algo interesante:
  • el café por la mañana se asocia a mejores resultados,
  • el café repartido durante todo el día no tanto.
Tiene sentido:
el cuerpo necesita activarse por la mañana y apagarse por la noche.
Si el café interfiere con el sueño, ya no compensa.
Entonces… ¿qué hago con el café?
Una guía sencilla, sin dogmas:
  • 1–2 cafés al día → razonable para mucha gente
  • Mejor por la mañana
  • Mejor sin azúcar (o con mínima cantidad consciente)
  • Mejor café real, no postre líquido
  • Filtrado si tomas varios (por el LDL en algunas personas)
  • Si te altera, te da ansiedad o te roba sueño → revisa
Y sobre todo:
no lo uses para no sentir lo que está fallando.
El cierre (la idea importante)
El café puede ser un aliado ocasional.
Pero no debe ser la fuente principal de tu energía.
La energía real viene de:
  • mitocondrias sanas,
  • músculo activo,
  • sueño profundo,
  • micronutrientes suficientes,
  • un sistema nervioso que puede bajar revoluciones.
Es mejor entrenar al cuerpo para producir energía de verdad
que depender de una sustancia para no notar el agotamiento.
El café puede acompañar.
Pero la base siempre es el cuerpo.
Y cuando cuidas esa base, ocurre algo muy interesante:
el café deja de ser necesario…
y pasa a ser simplemente un placer consciente.
Y eso, curiosamente, es cuando mejor sienta ☕
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Dario Leon
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El café: aliado ocasional o muleta silenciosa
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