Creo que acabo de enfrentarme a los cinco minutos más confrontativos de todo este programa hasta el momento.
Acabo de terminar el video del día 17 del curso Neuroproductivo y todavía estoy tratando de poner en palabras todo lo que me hizo descubrir.
La reflexión de era sencilla, pero profundamente incómoda: identificar esos compromisos que hemos hecho con nosotros mismos y que, por una razón u otra, no hemos honrado. Esos compromisos que, con el tiempo, se transforman en culpa. Mientras hacía el ejercicio entendí algo que me dejó completamente en silencio.
Llevo desde noviembre del año pasado queriendo lanzar el nuevo membership de mi academia. Y lo sigo posponiendo.
No porque no crea en él. No porque no quiera hacerlo. Sino porque hoy descubrí que, en el fondo, le tengo miedo a volver a fallarme.
Hace seis años ya había lanzado un membership. Lo hice con muchísima ilusión, pero también completamente sola. Creaba contenido semanal, grababa videos, diseñaba, planificaba... todo dependía de mí.
Y llegó un momento en que tuve que cerrarlo. Creo que una parte de mí nunca terminó de procesar esa experiencia.
Porque hoy entendí que cada vez que pienso en lanzar este nuevo membership, mi cerebro no está viendo la oportunidad que tengo frente a mí. Mi cerebro sigue recordando la última vez que sintió que no pudo sostener ese compromiso. Y, como cualquier mecanismo de protección, intenta evitar que vuelva a sentir ese dolor.
Pero entonces llegó la pregunta que cambió todo para mí... ¿Y si estoy tomando decisiones desde una versión de Amanda que ya no existe?
Porque la Amanda de 2020 y la Amanda de hoy no son la misma persona.
Hace seis años no existía la inteligencia artificial como existe hoy.
No existían herramientas como Claude que me permiten crear sistemas, organizar procesos, desarrollar contenido y apoyarme de maneras que antes eran impensables.
He aprendido muchísimo. He crecido muchísimo. Mi negocio también ha cambiado. Y, aunque sigo sin tener un equipo de trabajo, hoy tengo herramientas que me permiten no cargar el peso completamente sola.
Entonces me di cuenta de algo muy poderoso. No estoy retrasando un lanzamiento. Estoy intentando proteger a una versión de mí que ya sobrevivió a esa experiencia. Pero esa Amanda ya no está aquí. Y quizás ya es momento de dejar de construir mi futuro desde los miedos de mi pasado.
No porque el miedo haya desaparecido. Sino porque hoy tengo recursos, conocimientos y herramientas que antes no tenía.
Este ejercicio me recordó que reconocer una emoción no significa obedecerla.
Puedo decirle:
"Sí, miedo... te veo."
"Sí, culpa... entiendo de dónde vienes."
"Gracias por intentar protegerme."
Pero también puedo responderle:
"Ya no estamos en el 2020."
"Ya no soy la misma Amanda."
"Y esta historia no tiene por qué terminar igual."
Hoy no descubrí por qué estaba retrasando un lanzamiento.
Hoy descubrí que llevaba años intentando proteger una versión de mí que ya no existe.