El viento del norte esculpe
los tallos desde que nacen
y los bate a su antojo
hasta que se enseñorean y se
transforman en mástiles obstinados
de árboles rebosantes
que ya ningún vendaval
es capaz de doblegar.
Solo en sus inicios somos capaces
de domesticar lo indómito.
Nació en los meses que viví empapada de versos de Karmelo Iribarren. Cuando leo mis escritos de esa época, dudo si algunos serán poesías en sentido estricto o si serán una suerte de género literario que reside en un limbo sin catalogar.