Late un lobo acorralado
bajo la sombra de un vuelo
que me abrasa,
y en mis huesos se ha quedado
como un páramo de hielo
que no pasa.
El verano no madura,
las mañanas se encadenan,
y no llueve
ni una gota en su llanura,
y las mesas no se llenan
ni se bebe.
Solo temo que la ausencia
me acostumbre a este vacío,
y que un día
se me duerma la conciencia,
porque el peso es solo mío
todavía.