Al hilo de la prosa poética, releía hoy por casualidad algo que escribí hace muchísimos años. No sé si estrictamente podría ser prosa poética.
Remedios banales para días fatales
I
Desplegar el atlas de las emociones
Poner chinchetas de colores en los puntos exactos donde en algún momento la vida se precipitó: rojo corazón aquí, negra muerte allá, verdes intentos, amarillos delimitando los áridos desiertos, azules nombrando oleajes y naufragios…
II
Poner un anuncio por palabras
“Se ha perdido un corazón despistado, anda descalzo, pisa cristales rotos y gusta de andar bajo la lluvia hablando con desconocidos.”
III
Llamar a Urgencias
Escuchar al otro lado del teléfono una voz anónima: “vuelva a marcar pasados unos cuantos desconciertos”. Marcar de nuevo – S.O.S.- y escuchar la misma voz aconsejando: “ sacúdase el polvo, úntese de fortaleza donde más duela, y si el dolor se hace insoportable retire la venda para que cicatrice y expóngalo a miradas indiscretas”.
Y colgar sabiendo que restan fuerzas.