Parecía una lona de
invernadero
reteniendo al día
e ignorando sombras.
Ni siquiera lo esperaba
ya, eclipse que no asoma,
nubes que no dejan
robar segundos a ninguna
noche furtiva.
Unos
segundos.
Solo nubes densas, grises
como alguna mirada
que conoce al sol y
despliega su sombrilla gris
casi azulada
cual colcha a infante
adormecido.
De pronto microsegundos
traspasan algún
retal olvidado. Como
cuando se pierde
uno más allá
del manchado cielo
y se muestra el tiempo
color pupila.
Así, sorpresa de noche
repentina
colada por embudo fue
la misericordia
de apenas haber
conocido la ausencia
de la tarde.
Gris de noche acabada
y luego claro, otra vez,
este grisáceo blanco
vespertino precediendo
a la noche no
forzada.
(La advertencia
fue
bastante delicada)
(VV, 12/08/2026 8:20 p.m. )