Me miran a través de una máscara
tallada con fósiles. Engullen a tiranos
esos ojos de la tundra,
ávidos de pieles lujuriosas.
Gritan arcanos y músculos. Se agrietan
todos los alacranes malditos. Y lloran lilas
solas en la roca, semillas de óxido ígneo.
En esos pozos ruedan caparazones,
pulsos químicos en lo profundo
que penetran escamas con señuelos.
Dulces ofrendas de atávicos vestigios
limpian con fulgores la piedad cicatrizada.
(El genoma adulterado prevalecerá)
Abriga el martillo de cuero a la justicia
acorazada por ritos de titanes,
y giran insomnes las estrellas
hacia un destino sin retorno.
Brota el polvo del aire. Llega mi denuncia,
música que llena los mares de veneno.