Mar de amor en mi lírica.
Ella instala veneno por las sombras,
y un herido silencio
abre la grieta rota de la fuerza.
El sufrimiento altera mis relojes.
Recuerdo mi poder
abatiendo cuchillos afilados
por tormentas aciagas.
Mi armadura refleja su osamenta
en el rincón nublado del ensueño,
donde el mundo fallece
en el despojo hostil de la memoria.
Ningún auxilio bajará de arriba.
Ya se cincela el aire en las lagunas,
y la piqueta armada de la sangre
cava la fosa donde vuela el fondo.