No me gustan las hipérgamas,
sino las que aman de verdad.
Pero espera:
yo tampoco amo de verdad.
Por eso busco algo
que no sé dar
—y quizá por eso mismo
reclamo lo imposible—.
Trato de elevar mi vida,
no de comerciar con mi estatus.
Quiero que me amen
hasta en el horror:
todo lo demás es traición.
Fiel fatalidad, amor verdadero,
¿dónde estás?
¿A cuántos les has jodido la vida?