No me gusta la gente que no duda;
gente que avanza con ojos cerrados,
cerrada voz, esa gente que afirma
sin fisuras y sin incertidumbre.
Y me inquieta ese puto paso plano
plana palabra, plano pensamiento.
prefiero la duda, la que gotea
esa que insiste en dudar y dudar.
Sí, me gusta aprender a desdecirme
cuando veo algo extraño en la sospecha,
cuando soy el sordo de mi convicción.
No me gusta la gente que no duda,
prefiero la duda que muerde y hiere,
la duda que mueve este feo mundo,
el mundo asqueroso en el que vivimos
y desvivimos —sin duda—, con dudas.
© Iñaki Hernán – Fecha dudosa