Duermen en mi jardín
sombras de ofuscado viento
y una luna se desliza
entre flores sin pétalos.
Al cabo, la noche viste
de chicharras y extrañeza.
E irreverente,
mi reloj pierde el norte
entre locuras que flotan
envueltas en lo soez.
Tu leve risa irrumpe
pura y clara en mi vacío
y se disuelve la luz…
reflejada en un charco.
Iñaki Hernán