Dormita mi presencia en su apartado
recinto, sin asombro ni aventura,
y brota de lo oculto la figura
de un bien que me ilumina, transformado.
El calor que me salva del pasado
acontece y me abraza con dulzura,
mi sentido restaura su textura
y convoco un aliento recobrado.
Discurre en las tinieblas un velado
fulgor que nos revela su estructura,
presagio de una vasta arquitectura
que aguarda al universo fatigado.
Y se entiende por fin lo revelado,
que lo bello e inefable nos depura,
y que en ello descansa la criatura
que retorna al origen liberado.