Esta aurora gastada de las cosas
vuelve nocturna mi canción solar,
y le deja un paisaje
de amapolas vencidas.
La belleza es dominio sobre un caos
que absorbe mis orígenes,
un tosco lienzo donde el ojo atado
asume al fin su propia corrupción.
Mi herrumbre va asfixiando perversiones,
y un rito desahuciado
deja su viga seca por las rocas.
Arde la lucidez deshabitada.
Falta el fulgor y el velo se descorre,
murió la dinastía
de aquella dote oculta que encadena
los sueños a diamantes de coral.