Antes del suelo
había un cuenco oscuro.
No tierra:
respiración.
Algo se inclina
y el mundo cae
como agua en una grieta.
Las formas
—todavía tibias—
duermen dentro.
Una mano invisible
abre espacio.
Allí
las raíces aprenden
a pronunciar silencio.
Y el territorio
no nace:
se recuerda.
Matriz de lo posible,
la chóra no dice yo.
dice
Hueco,
Eco,
Umbral.
Y en ese umbral
las mujeres escriben espacio
con pasos invisibles.
Posdata: Os comparto este poema escrito como comienzo para la ponencia que estaré dando este viernes en las IV Jornadas de filósofas en la historia titulada "El paradigma feminista de la chóra como territorio"