Certeza perforada
Existieron, sí, tiempos
-ahora lo recuerdo- en los que
abiertas las ventanas
se colaban, con su aleteo eléctrico
grandes mariposas nocturnas.
Tiempos en los que
la paz tenía nombre propio,
certeza la palabra,
la ansiedad consuelo y cobijo.
Las mariposas miraban el mundo
con los ojos borrosos de sus alas.
Y llegó la consciencia del dolor;
dolor de tantos, de todos, de siempre.
Llegó repentina, furiosa,
tornados de preguntas sin respuestas,
salvo las obvias, las que siempre
había querido orillar:
la indeterminación siempre cruel,
las ecuaciones de lo cuántico,
mariposas efímeras,
vacíos que fluctúan,
rugir de colisiones,
la vida como evento irrelevante.
Primero se instaló la duda,
más tarde la evidencia,
y todo lo que has estado creyendo
es ya una negación,
una certeza perforada,
ojos gigantes de un tacto suave
que miran la gran ausencia de frente
respirando entre las fracturas
de tiempos que se enfrentan hasta el fin.
Un final con paz para todos,
la gran paz del no ser
enfriándose hacia el cero absoluto.
Ahora la ciudad y el clima han cambiado;
ya no hay grandes mariposas nocturnas
que se cuelen, aunque yo sigo
recordando su vuelo y dejo
por la noche mis ventanas abiertas.
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Tomás Barrena
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Certeza perforada
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