Sostengo un faro en tierra
que el mar abandonó.
Despierto cada noche
el ojo giratorio
para alumbrar la arena
donde encallan mis años.
Los mapas me corrigen,
el puerto es un recuerdo,
la costa es una fábula.
Y contra todo el haz
recorre el descampado
buscando un barco al fondo
de un polvo que salpica.
Conozco la falacia
y elijo la ceguera,
mi luz sin un navío
vale más que el océano
que nunca ha de volver.
Mañana enciendo el alba.