Camina entre papeles;
respira tinta nueva
y mide el pulso en versos
que aprendió a sostener.
Hoy corta su alegría
como borde de acero
que mira su voz. Voz
expuesta a todo abismo.
Deseo y suave vértigo.
Cuida, ordena el desorden
y acaricia el error,
germen que escribirá:
Eres libre, ¡no hay techo!
Iñaki Hernán