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Enseñanza del día – Universidad del Ser
Un monje caminaba en silencio cuando una serpiente lo mordió. El veneno entró en su cuerpo… pero su mente no salió corriendo detrás de la serpiente. No preguntó “¿por qué me pasó esto?” No intentó demostrar que no lo merecía. No buscó culpables. Se sentó. Respiró. Y se ocupó de lo único verdaderamente importante: no morir por dentro ni por fuera. La mayoría de los seres humanos hacen lo contrario. Cuando alguien nos hiere, cuando una situación nos traiciona, cuando la vida “muerde”… En lugar de sanar el veneno emocional, corremos detrás del agresor, del pasado, de la historia. Queremos explicaciones. Queremos justicia. Queremos tener la razón. Pero mientras perseguimos a la serpiente, el veneno sigue corriendo por nuestras venas. La enseñanza no es negar lo que pasó. La enseñanza es no quedarte atrapado ahí. El Ser no discute con la experiencia. La mente sí. La mente quiere entender, culpar, justificarse. El Ser quiere sanar, soltar y volver al presente. Hoy, la pregunta no es: ¿Quién te mordió? La verdadera pregunta es: ¿Qué veneno sigues cargando por no haberte atendido a tiempo? La Universidad del Ser
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ENSEÑANZA DEL DÍA
Había una vez un águila que, cuando era pequeña, cayó de su nido. Un campesino la encontró en el suelo, herida y sola, y decidió llevarla a su casa. Allí la puso en el gallinero. El águila creció rodeada de gallinas. Aprendió a picotear el suelo, a caminar torpemente, a batir las alas solo para dar pequeños saltos. Comía como gallina. Dormía como gallina. Vivía como gallina. Y llegó a creer que eso era lo que era. Un día, un hombre sabio pasó por la granja y vio al ave. —Eso no es una gallina —dijo—. —Claro que lo es —respondió el campesino—. Mira cómo vive. El sabio tomó al ave, la alzó y le dijo: —Tú eres un águila. Has nacido para volar. El águila miró al suelo, vio a las gallinas y regresó al gallinero. No sabía volar. No se reconocía. El sabio volvió varios días. La llevó a un techo. Luego a una montaña. Hasta que un día, al amanecer, la sostuvo frente al sol y le dijo: —Mira quién eres. El águila alzó la mirada. Sintió algo despertar dentro de ella. Sus alas se abrieron solas. Y voló. Nunca había dejado de ser águila. Solo había olvidado quién era. Reflexión No eres lo que aprendiste a ser. Eres lo que olvidaste que eres. La Universidad del Ser 🌿
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ENSEÑANZA DEL DÍA
CUANDO EL ESFUERZO NACE DEL EGO Un arquero llevaba años entrenando. Conocía la técnica, la postura, la respiración. Sin embargo, cada vez que más deseaba acertar al blanco, más se desviaba la flecha. El maestro lo observó durante largo rato sin decir nada. Finalmente habló: —CUANDO DISPARAS QUERIENDO ACERTAR, YA TE HAS SEPARADO. YA NO ESTÁS AQUÍ. ESTÁS EN EL RESULTADO. El arquero no entendió de inmediato. Pero cuando soltó la necesidad de lograr, cuando dejó de demostrar, cuando permitió que el cuerpo hiciera lo que sabía hacer, la flecha salió sin tensión… y encontró el centro. No fue control. Fue alineación. REFLEXIÓN: ¿En qué parte de tu vida estás empujando desde el ego, cuando lo único que se te pide es presencia? La Universidad del Ser
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ENSEÑANZA DEL DÍA
ESTO TAMBIÉN PASARÁ Un rey joven vivía entre extremos: o se sentía invencible, o completamente derrotado. Pidió ayuda a un sabio. El sabio le entregó un anillo sencillo con una sola frase grabada: “ESTO TAMBIÉN PASARÁ.” Cuando el rey lo leía en el éxito, su ego se calmaba. Cuando lo leía en el dolor, su mente descansaba. Nada se quedaba para siempre.
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🌿 ENSEÑANZA DEL DÍA
EL JUICIO APRESURADO Un campesino vivía con su hijo y un solo caballo. Era todo lo que tenían. Una mañana, el caballo huyó hacia las montañas. Los vecinos llegaron de inmediato: —Qué desgracia… perderlo todo. El campesino los escuchó en silencio y respondió: —Veremos. Pasaron los días. Una tarde, el caballo regresó. No venía solo… traía consigo varios caballos salvajes. Los vecinos celebraron: —¡Qué bendición! ¡Ahora eres rico! El campesino, sin exaltarse, dijo: —Veremos. Su hijo intentó domar a uno de los caballos. Cayó. Su pierna quedó rota. Los vecinos volvieron: —Qué tragedia… ahora sí, mala suerte. El campesino respiró hondo: —Veremos. Tiempo después, estalló la guerra. Los soldados llegaron al pueblo y se llevaron a todos los jóvenes. A todos… menos al hijo del campesino. Los vecinos lloraban. El campesino no celebró. Tampoco se lamentó. Se limitó a mirar el cielo, como quien sabe que la vida aún no ha terminado de hablar. LA VIDA NO SE EXPLICA DE INMEDIATO. Pregunta de reflexión: ¿Desde qué programa mental estás decidiendo si algo es bueno o malo? La Universidad del Ser
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La Universidad del SER
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FORMACIÓN EN AUTOCONOCIMIENTO E INTELIGENCIA EMOCIONAL
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